Según sus acepciones el humor y la depresión son dos conceptos que no guardan relación entre sí, sin embargo, la realidad es otra. La risa o el hecho de hacer humor a veces oculta un vacío emocional que, si no se busca ayuda profesional a tiempo, puede terminar en ansiedad y en depresión.



Son muchos los casos de comediantes tanto locales como internacionales que han hablado públicamente de sus procesos depresivos, algunos destacan que los sufrieron mientras vivían los momentos más exitosos de sus carreras. El actor Robin Williams es un ejemplo de lo planteado anteriormente.

Su muerte repentina sorprendió al mundo. Las películas entrañables que dejó (Patch Adams, por ejemplo) y las risas que contagió hicieron que su suicidio pareciera extraño.

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