La idea de Grego es que usando sensores y la inteligencia artificial se pueda hacer un análisis de las heces cuando se vaya al baño. Básicamente, con estos lavabos se sustituiría el proceso de llevar muestras de heces y orina al médico para que las analice.


Grego cree que las muestras de heces recolectadas en su lavabo inteligente podrían proporcionar información precisa sobre enfermedades crónicas o incluso cáncer de los usuarios si se emplea la tecnología apropiada.

"Se podrían recibir alertas personalizadas para tener más fibra o evitar ciertos alimentos para ciertas dolencias", afirma Grego, que cree que estos dispositivos darían mucha tranquilidad porque detectarían enfermedades o dolencias en un estadio muy temprano.

La experta, en este sentido, considera que los inodoros inteligentes serían como una especie de Apple Watch o pulsera de actividad, que son capaces de medir la presión sanguínea y otros indicadores. De la misma manera, el lavabo de Grego se conectaría a una aplicación para móviles en la que se almacenaría toda la información conseguida.

Estarían en el mercado a finales de año

La Universidad de Stanford también está trabajando en esta dirección. Mientras que Grego tendrá un prototipo para de aquí a nueve meses los expertos de la School of Medicine ya tengan un primer modelo de lavabo con cámara y una inteligencia artificial entrenada para analizar el color, textura y volumen de excrementos y orina.