Fuente el Pais.

EL PÁIS accede a la investigación judicial sobre Abdel-Majed Abdel Bary, que ha permanecido bajo secreto hasta ahora. Encarcelado en un módulo de aislamiento, fue arrestado en Almería en 2020.

Un motorista de una empresa de envío de comida a domicilio se adentra en la calle Cádiz de Almería. El repartidor aparca junto al número 20 y un hombre se asoma al balcón del segundo piso. A pocos metros, un policía sigue la escena con enorme atención. Vigila la zona ante las sospechas de que allí se oculte uno de los yihadistas más buscados de Europa, Abdel-Majed Abdel Bary, un exrapero británico acusado de convertirse en uno de los sanguinarios combatientes del ISIS tras viajar a Siria para enrolarse en sus filas. A él, el agente aún no lo ha localizado, pero acaba de reconocer a uno de sus presuntos colaboradores, Abderrezak Siddiki. Es aquel individuo que se ha dejado ver fugazmente en lo alto del edificio ante la llegada del almuerzo. La caza no ha hecho nada más que empezar.


El sumario de la Operación Altepa, que la Audiencia Nacional ha mantenido bajo secreto hasta este verano y al que ha tenido acceso EL PAÍS, revela los detalles de la captura de Abdel Bary en la primavera de 2020 y cómo las aplicaciones móviles propiciaron su caída. Todo
Imagen captada por la Policía de la llegada del repartidor de comida al piso alquilado por los presuntos yihadistas, el 18 de abril de 2020

comenzó cuando los investigadores recibieron el aviso de que este “violento” foreing fighter (combatiente extranjero) del ISIS quería volver a Europa, “llegando en patera a algún punto desconocido de la costa de Almería”. Las sospechas de los agentes, en contacto con el CNI, vaticinaban lo peor: “El hecho de que pretenda llegar al margen de cualquier medio de viaje regular permite hacer pensar que su objetivo es el de cometer cualquier tipo de acción relacionada con su militancia terrorista o, cuando menos, recabar apoyo local para viajar por territorio europeo”. Así que intensificaron la vigilancia.

Las alarmas saltaron el 14 de abril —en pleno confinamiento por el coronavirus—, cuando se detectó la llegada de cinco pateras a la costa de Almería. Varias lograron tocar tierra y “no todos sus integrantes fueron interceptados”, especificó la Policía, que emprendió la búsqueda.

Los investigadores, que tenían información previa de que podía haber llegado a la ciudad junto a Siddiki, comenzaron el rastreo. Comprobaron el listado de clientes de hospederías en toda la zona de Almería. Sin éxito. Revisaron los controles de entrada en territorio nacional por los pasos habilitados. Pero tampoco consiguieron nada. La mejor pista brotó del móvil. Los agentes habían analizado las redes sociales de los sospechosos y, según el sumario, tenían identificado el perfil de usuario de Siddiki en las aplicaciones de envío de comida a domicilio, a las que se preguntó si tenían registrado algún pedido reciente. Uber Eats respondió:

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—El 15 de abril de 2020, a las 22:46 horas, Abderrezak Seddiki hace un pedido a The Kebab Shop, entregado en las coordenadas que se corresponden a la calle Ledesma, números 6-14, de Almería.

—El 16 de abril de 2020, a las 22:00 horas, realiza un pedido al Makro Döner, entregado en las coordenadas pertenecientes a la calle Cádiz, 24-34.

En ese momento, se activan dos nuevos dispositivos de vigilancia “sobre ambos puntos de entrega”, con la hipótesis de que en las inmediaciones se escondan los presuntos yihadistas. Un despliegue que culmina a las 14.48 del 18 de abril, cuando un repartidor con un tercer envío recorre la calle Cádiz y propicia que Siddiki se asome al balcón. Tras reconocer al sospechoso, el agente allí apostado decide seguir los pasos del motorista. Entra con él en el portal del número 20 y observa desde el descansillo de la segunda planta cómo otro hombre abre la puerta de la casa. A este también lo identifica: es Abdel-Majed Abdel Bary.

“Extremadamente violento”

La Operación Altepa entra así en ebullición. La Audiencia Nacional autoriza el registro de la casa, un piso turístico alquilado a través de Airbnb. Los agentes entran el 20 de abril, detienen a sus tres ocupantes —los dos identificados y un tercero, Kossaila Chollouah, del que no tenían noticias— y aprehenden cinco teléfonos móviles, un dispositivo USB, un ordenador y diversa documentación. Una intervención que queda plasmada al detalle en un sumario que aún sigue abierto y que mantiene a Abdel Bary encerrado en un módulo de aislamiento de la cárcel de Soto del Real (Madrid).